Sugarpop no nació como un negocio. Nació de una pasión que, con el tiempo, se convirtió en una forma de entender la vida.

Soy Rocío, y siempre he sentido una atracción difícil de explicar por los hornos, las amasadoras y las masas. Me enamora ese proceso casi mágico en el que unos ingredientes sencillos, con paciencia, técnica y mucho cariño, se transforman en algo capaz de emocionar a quien lo prueba.

Pero hubo otra pasión que apareció con la misma fuerza: el café de especialidad. Descubrir todo lo que hay detrás de una taza — el origen, las variedades, el tueste, la extracción y el trabajo de quienes cultivan el café— cambió por completo mi forma de verlo.

Esa curiosidad me llevó hasta Colombia, donde decidí formarme como barista y aprender desde el origen, entendiendo el café con el respeto y la dedicación que merece.

En ese camino también apareció el matcha. Lo que empezó como una simple curiosidad se convirtió en una auténtica fascinación por su historia, su cultura y la precisión que requiere prepararlo bien. Durante esta etapa como barista he seguido formándome y descubriendo el universo del matcha, buscando siempre ofrecer una experiencia auténtica y de la máxima calidad.

El nombre Sugarpop representa ese pequeño estallido de felicidad que sentimos al probar algo hecho con mimo: una cookie recién horneada, un cinnamon roll todavía templado, una cheesecake cremosa o una taza de café preparada con el mismo cuidado con el que se crea un buen postre.

Sugarpop es el resultado de muchas horas de trabajo, de aprendizaje y de creer en un sueño incluso cuando parecía difícil. Aquí no buscamos hacer simplemente dulces o café; buscamos crear momentos que la gente recuerde.

Sugarpop es el sueño de Rocío hecho realidad: un lugar donde la pastelería artesanal, el café de especialidad y el matcha se unen para crear pequeños momentos de felicidad. Porque creemos que las mejores historias siempre empiezan con una pasión... y se recuerdan por cómo te hicieron sentir.